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miércoles, 23 de mayo de 2012

Sacúdete


Un día el burro de un campesino cayó en un pozo. Su dueño, desesperado, trató durante horas de sacarlo, mientras el pobre burro no paraba de rebuznar con angustia.
Al final, y después de mucho cavilar, el campesino decidió que, realmente, no valía la pena salvar al animal porque, además de que era muy viejo, el pozo ya se había secado y lo mejor era taparlo.
Pidió a todos los vecinos del pueblo que le ayudaran a realizar esa tarea. Así, cada uno de ellos tomó una pala y comenzó a arrojar tierra al pozo para cubrirlo. Enseguida, el burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y comenzó con sus rebuznos de nuevo, presa del pánico.
Al poco tiempo, y para sorpresa de todos, el burro se tranquilizó y dejó de rebuznar. Después de echar unas cuantas paladas de tierra, el campesino miró al fondo del pozo y quedó sorprendido de  lo que vio.
Con cada montón de tierra que recibía, el burro estaba haciendo algo increíble: se la sacudía y se montaba encima de ella, dando un paso hacia adelante, consiguiendo de esta manera elevarse.
Al cabo de un buen rato, todo el mundo comprobó sorprendido cómo el burro había sido capaz de llegar hasta la boca del pozo, saltar por encima del borde y salir trotando libre.
 En muchas ocasiones, las circunstancias que nos toca vivir pueden ser como paladas de tierra que quieren hundirnos. Recuerda: depende de ti que cada uno de los obstáculos suponga un escalón hacia la cima.

lunes, 27 de febrero de 2012

EL HOMBRE QUE LANZABA ESTRELLAS DE MAR

Merece la pena hacer un esfuerzo por todos u cada uno de nuestros chicos.  Este pequeño cuento es una muestra de lo importante que podemos llegar a ser para alguno de ellos (y quizás no seamos lo suficientemente conscientes). Éste es el camino:


          En cierta ocasión, un científico se trasladó a una casa que tenía en la playa con el fin de poder concentrarse y finalizar unos trabajos.  Al caer la tarde se dispuso a dar un paseo, y mientras caminaba por la playa vio a lo lejos a un hombre bailando; sonrió, al pensar que alguien en aquel lugar y a esas horas podía estar bailando y caminó hacia él.  Al acercarse más observó que hombre no bailaba, sino que recogía algo del suelo y lo lanzaba al agua.

         Cuando hubo llegado a su altura, le saludó y le dijo:
-         ¿Qué es lo que estás haciendo?
El hombre le sonrió y le contestó:
-         Lanzo estrellas de mar al océano.
-         ¿Por qué? – le preguntó el científico.
-            Está bajando la marea y al quedarse varadas en la arena pueden morir.
-            Pero si hay decenas de kilómetros de playa y miles de estrellas de mar, ¿cree que su esfuerzo servirá para algo?
El hombre le escuchó educadamente, y cuando hubo acabado se agachó, recogió otra estrella y la lanzó al mar.
-         Para ésa, mi esfuerzo sí tuvo sentido – contestó.