martes, 20 de noviembre de 2018

VESTIMENTA Y LIBERTAD


                Con frecuencia se confunde la idea de libertad con la de capricho, se justifica cualquier actuación de los demás y así se le transmite a los alumnos.  Un ejemplo, muy persistente en los últimos tiempos hace referencia a la forma de vestir de los chicos.  Ante esta cuestión no faltan voces (diría que mayoritarias) que solicitan la libertad de elección del alumno.  El uniforme, frente a las ideas opuestas, facilita la libertad puesto que sitúa a todos los alumnos en el mismo nivel y oculta las diferencias socioeconómicas entre ellos.  Por supuesto, defiendo un uniforme moderno (no los clásicos y anticuados de los colegios privados), cómodo y no sexista.

Las supuestas libertades permiten la presencia de situaciones ridículas, como que un chico vaya a clase en tirantes (con pelos en las axilas y el olor correspondiente) o con bermudas y chanclas (aunque digan que son “de vestir”).  Igualmente, algunas chicas llevan escotes exagerados, incluso en invierno.  La moda de las gorras parece estar en relativo retroceso, aunque sigue siendo un caballo de batalla, pero el absurdo reciente se refiere al mantenimiento del abrigo en el aula.  Ellos lo justifican diciendo que tienen frío.  Cierto es que seríamos unos tiranos si realmente hiciera frío y permitiéramos que los alumnos se congelaran.  O que nos justifique su familia que está enfermo y no lo tuviéramos en cuenta.  La cuestión es que en clase está puesta la calefacción (en ocasiones, lo indecente es el calor que hace) pero el chico dice que no se quita el abrigo porque solo lleva una camiseta.  La costumbre acaba por normalizar el sinsentido pero cuando lo vi por primera vez, no pude dar crédito.  Es llamativo tener que enseñar a vestirse a un muchacho adolescente porque decide no llevar jersey ni sudadera. 

                Cuando se les plantea que deben quitarse el abrigo, se resisten todo lo posible.  Solo el paso del tiempo y la confianza que pueda establecerse entre profesor y alumno puede hacer cambiar esta situación.  Así que, ante el insolente cuestionamiento, no queda más remedio que justificar los motivos por los que debe atender a la orden de quitarse el abrigo.  Veamos algunas de estas justificaciones:

1.      Por convencionalismo social: parece que este argumento tiene poco valor, pero es importante mostrar la actitud más propicia para cada situación.  Así pues, acudir a un restaurante y comer con las manos, no atenta contra nadie pero tampoco creo que se pueda dudar de la incorrección del hecho.  Debemos enseñar a nuestros alumnos a comportarse correctamente, no solo a poder elegir lo que quieran hacer en cada momento solo porque lo quieren hacer.  La gorra no es propicia en un interior, el abrigo tampoco lo es cuando va a comenzar una sesión.  Comer y beber tampoco es correcto.  No es necesario argumentar la libertad de actuación sino atender a la corrección socialmente establecida.

2.      Por utilidad: todo objeto tiene una función.  Y es así como se debe valorar su presencia y su uso.  De forma concreta, los complementos pueden clasificarse en dos tipos: aquellos que completan un atuendo (como los zapatos, el reloj, un collar, una cadena, una pulsera), que permiten mantener la personalidad de su portador; y los que no lo hacen.  Estos últimos solo pueden llevarse cuando su uso es preceptivo: un bolso (para portar objetos), un sombrero (por pura estética), un paraguas o una capucha (para cubrirse de la lluvia), un abanico (para soliviantar el calor), una gorra (para evitar la insolación en la cabeza y su molestia en la visión), un gorro o un abrigo (para mantenerse caliente).

3.      Por salud: es evidente que llevar puesto el abrigo en un interior cálido y mantener ese mismo atuendo al salir a la calle (podemos estar hablando de una diferencia de 15 o 20 grados centígrados), tendrá sus efectos sobre la salud.

4.      Por comodidad: la realización de una actividad sentado en una silla y actuando sobre un pupitre, requiere necesariamente de una higiene postural y de una facilidad de movimientos.  Cualquier abrigo (los chalecos, cortafríos y chubasqueros quedan incluidos) impiden esa maniobrabilidad.  Solamente el ejercicio correcto de las actividades permite conocer las ventajas de realizarlas.  Mientras tanto, nos seguirán diciendo que están cómodos.

5.      Por mantenerse despierto: la mayor parte de los alumnos que defienden seguir con el abrigo puesto, tienen poco interés por los estudios.  Si el aula está acondicionada y el alumno se sienta recostado y con las piernas estiradas, el abrigo facilita que se acurruque y, por tanto la posibilidad de mantenerse adormilado.

6.      Por evitar el encubrimiento de objetos: a mayor número de capas, más posibilidad de esconder objetos.  La manga larga facilita esconder las chuletas, el abrigo permite encubrir el teléfono móvil, verdadero motivo por el que muchas veces quieren mantenerse en clase con el abrigo puesto.  Es habitual que, quien se lo quita a regañadientes, coja el móvil del abrigo y lo guarde en algún otro lugar.

7.      Por disciplina: puede que alguno de los motivos anteriores no convenzan a alguno pero dudo que alguien no quede convencido por alguno de ellos.  Pero, si eso sucede, hay algo mucho más convincente: el profesor es quien decide lo que se puede y lo que no se puede hacer en su clase.  Y lo hace porque dispone de un grado de libertad ganado gracias a su conocimiento, su madurez y su experiencia, elementos indispensables para poder disfrutar plenamente de libertad.  Quien no dispone de ellos (caso de nuestros muchachos), acude a la escuela a ser educado.  Y, entre otras cosas, también debe aprender a ser libre.

jueves, 10 de agosto de 2017

SUBE QUE TE LLEVO



    El paso de curso significa un proceso de adaptación importante por parte del alumno que, tras tres meses de vacaciones, debe reencontrarse con un punto de partida equivalente al de llegada del año anterior y avanzar hacia nuevos horizontes.

                Evidentemente, un período tan largo de inactividad supone que el lugar real en que se encuentra el alumno está varios pasos más atrás de ese supuesto punto de partida.  Las dos primeras semanas de curso deben servir para reciclar los conocimientos y las habilidades.  No es posible coger el libro y comenzar, sin más, el Tema 1.  Ni siquiera en 2º de Bachillerato, pese a los condicionamientos que, por tiempo, lastran el transcurso del año.

                Una vez que se ha producido el proceso de calentamiento, podremos comenzar a desarrollar los nuevos contenidos.  El problema es que, en la mayoría de los casos, existe una clara disociación entre lo que tratamos de enseñar y lo que el alumno es capaz de asimilar en cada contexto.  Por eso, hay que prestar atención y recurrir a contextos previos tantas veces como haga falta, así como partir casi de cero para progresar en las diferentes habilidades que el alumno, por desuso, ha dejado de realizar de forma competente.  La cuestión es cómo dar el salto de calidad si damos pasos adelante y atrás de forma continua.  El miedo a desarrollar los contenidos de forma lenta debe desaparecer.  En primer lugar, porque si no se resuelven problemas iniciales, será difícil avanzar después, cuando se produzcan problemas más complejos.  En segundo lugar, porque si se establecen buenas bases, el aprendizaje posterior se realiza mucho más deprisa.  Por este motivo, la tradicional temporalización que divide el curso en tres partes iguales, puede ser modificada sobre la marcha, si comprobamos que conviene detenerse y acelerar después.  Tampoco debe producir ningún temor la idea de desarrollar solo de forma esquemática alguna unidad con el fin de que sean ellos mismos quienes la desarrollen plenamente.  Eso sí, antes hemos debido proporcionarles las herramientas necesarias para que sepan cómo enfrentarse a esa tarea.

                Así pues, cuando se inicia el curso hay que mostrar al alumno el listón que debemos alcanzar, aunque de inicio lo vea inalcanzable.  Para ello, debemos tener en cuenta algunas consideraciones oportunas:
·        El listón no son una acumulación de saberes, sino de competencias necesarias y útiles para el posterior desarrollo del alumno, tanto en la materia que enseñamos como en su vida personal.
·        Solo alcanzaremos el listón si antes le damos una pértiga.  Él solo puede ser autodidacta y coger la suya propia, pero nosotros somos los encargados de enseñar.  Por eso, debemos proporcionarla.
·        El alumno debe practicar con los medios y materiales ofrecidos y los que puede alcanzar.  No podemos esperar que rebase listones solo porque ya le hemos ofrecido el material.
·        Deberemos, por tanto, enseñarle a utilizarlo.
·        Habrá que ofrecerle otros instrumentos, que los manipule también y elija el que mejor le conviene.
·        Considerar los logros en base a resultados absolutos nunca indicará un verdadero avance.  A veces hay que fracasar en alguna ocasión, antes de alcanzar la destreza necesaria.
·        La metodología debe ser diversa y motivadora.  Si todos los días hacemos y decimos lo mismo, no podremos avanzar más allá de un punto determinado.
·        Debemos tener claro que el objetivo es alcanzar el listón, pero que se puede ser flexible.
·        En cada sesión hay que marcar claramente también cuáles son los objetivos (o el objetivo) y centrarse en alcanzarlos.  La acumulación de contenidos actuará como freno del proceso, pero la acumulación de logros permitirá desarrollar los procesos de aprendizaje.

En todo caso, es importante evitar caer en dos tentaciones:
·        Bajar el listón tanto que se pueda superar sin alcanzar los verdaderos objetivos de logro.  Es frecuente que esto suceda cuando vemos que el alumno no alcanza los propósitos planteados.  Habrá que flexibilizar, valorar más sus virtudes y considerar que el salto ha podido ser bastante importante.  Carácter positivo y valoración de lo logrado, es decir evaluar sumando y no restando.
 -   Auparlos nosotros hasta el listón.  Nosotros debemos ser exigentes y plantear llegar hasta dónde hemos planteado, pero seamos guías y ofrezcamos todos los recursos que estén a nuestro alcance.  Si los subimos nosotros, hare

viernes, 14 de abril de 2017

El libro de los estorninos

Un canto de amor a la poesía, a la cultura, a la familia, al hecho de ser mujer...
y a la educación.

lunes, 28 de diciembre de 2015

¿Qué haces para cambiar el mundo?

Pequeño fragmento de los primeros minutos de la película de Mimi Leder Cadena de favores, Estados Unidos, 2000:


lunes, 20 de abril de 2015

Algunas citas de Karl Krause

  La reforma pedagógica iniciada en España a finales del siglo XIX toma entre sus referencias el pensamiento krausista, desarrollo de las líneas planteadas por Karl Christian Friedrich Krause.
  Extraigo estas tres citas personales de la obra de Gonzalo Capellán de Miguel, La España armónica.  El proyecto del krausismo español para una sociedad en conflicto. Edit. Biblioteca Nueva.  Madrid.  2006:

- "Debes hacer el bien, no por la esperanza ni por el temor ni por el goce, sino por su propia bondad".
- "El hombre irreflexivo, que ni sabe ni ama el saber juzga el valor de toda voluntad por el éxito".
- "La ignorancia es un motivo predominante entre los que ocasionan el vicio y las deficiencias que manchan la vida de la Humanidad, de los pueblos y de cada individuo".

jueves, 1 de enero de 2015

ACTORES CON UN NUEVO PAPEL

   Comienza un nuevo año y, tras unas vacaciones que permiten un descanso suficiente y un nuevo impulso en la tarea, toca reinventarse de nuevo.  Siempre he creído que uno debe empezar a trabajar bastante antes del 8 de enero: hay que analizar lo sucedido hasta el momento, hacer una valoración crítica a modo de autoevaluación y continuar a partir de esta punto para tratar de alcanzar las metas propuestas o redefinirlas en busca de nuevos logros, siempre en función del nuevo punto de partida, no el de septiembre, sino el de enero.

                Con la mente mucho más despejada, es posible poner nuevas metas en nuestra tarea, tratar de hacer cosas nuevas y, centrarnos, tanto dentro como fuera del aula, en conseguir estímulos suficientes para alcanzar un destino acertado.  Personalmente, afronto varios retos muy vinculados con la labor profesional: una Tutoría para el Prácticum del Máster de Profesores de Enseñanza Secundaria, una preparación de oposiciones para un opositor que lo sabe casi todo, una colaboración didáctica con una entidad deportiva, la tercera edición de una colaboración humanitaria con el Chad y el segundo proyecto (el año pasado la lluvia nos obligó a suspenderlo) de nuestras “monografías de aldea”.  Y todo cuanto vaya surgiendo. 

                Eso hace grande nuestra profesión: la posibilidad de interpretar nuevos papeles con frecuencia.  Y, en todos los casos antes citados, tal como reflejó Jean Jaques Rousseau, en su Emilio: ”Hay oficios tan nobles que no pueden ejercerse por dinero, so pena de indignidad”.

Es momento de reinterpretar, de aportar nuevos planteamientos, de reajustar las metodologías.  A fin de cuentas, cada uno de nosotros es un actor que interpreta su papel dentro del aula.  Pero, cada cierto tiempo, conviene cambiar el guion.  Ahora ha llegado uno de esos momentos.



domingo, 23 de noviembre de 2014

COMO UN LHARDY SIRVIENDO KEBAB


                 Recuerdo los tiempos previos al “Tamayazo”: por entonces, los profesores llevaban ya algunos años sufriendo progresivamente mayores dificultades para conseguir dominar las aulas, al tiempo que veían cómo su nivel de vida disminuía cada año puesto que los precios subían más que su sueldo cada 1 de enero.  Sin embargo, también es cierto que los programas de apoyo al alumnado, hijos de la LOGSE, funcionaban cada año un poquito mejor.  Faltaba mucha inversión para alcanzar una situación realmente óptima pero las bases estaban bien puestas.  Los profesores podían formarse y podían preparar sus clases convenientemente.  Digamos que dos comensales podían sentarse a la mesa y disfrutar de una buena cena y que, en caso extraordinario, en la mesa cabía otro.  O lo que es lo mismo, 2+1 siempre era igual a 3.
                Desde entonces, los recortes educativos fueron progresivos, al tiempo que el “aguirrismo” se convertía en la religión oficial de una mayoría de seguidores suyos en la Comunidad de Madrid, auténtico territorio abanderado de la política educativa del gobierno actual: defensa de la enseñanza concertada y migajas para la pública.  De modo que, año tras año, aquella mesa de dos donde habitualmente comían tres, se convirtió en donde cenan tres, cenan cuatro, y así sucesivamente.
                Muchos piensan que la crisis comenzó en 2008 o a finales del año anterior pero la realidad es bien distinta.  La crisis comenzó en el momento en que los servicios públicos comenzaron a crecer menos de lo que lo hacía el mercado y, al tiempo                 que muchos se forraban y a nadie parecía importarle, porque a todos aparentemente beneficiaba.  Hoy día no vivimos una crisis sino un cambio de modelo puesto que hay cosas que no darán marcha atrás.  Entre ellas, y en la materia que nos atañe, las siguientes:
·        Supresión de la mayor parte de las Aulas de Compensatoria y de las Aulas de Enlace.
·        Reducción de apoyos, desdobles y laboratorios en todos los niveles de enseñanza y de prácticas en Formación Profesional.
·        Cierre de Bibliotecas escolares, de Centros de Formación para el Profesorado y de Centros de Educación Especial.
·        Aumento significativo de las ratios de alumnos por clase, impidiendo un normal funcionamiento, una mayor individualización de la enseñanza y sumando entre 180 y 300 el total de alumnos a los que se enfrenta un profesor de Secundaria, en función de su materia.
·        Aumento de carga lectiva y de tareas burocráticas para el profesorado, impidiendo encontrar horas para la preparación de actividades complementarias (salidas culturales, intercambios, viajes de fin de curso, etc.) y de Planes de Convivencia, Acción Tutorial, Orientación Académica o Mejora e Innovación Educativa.  La tarea actual del docente consiste en
·        Aumento de profesores que imparten materias no propias de su especialidad, de profesores funcionarios con plaza sin destino al empezar cada curso, de profesores con centros compartidos o de interinos no contratados pese a ser necesaria su presencia (por ejemplo, no se cubre una baja hasta transcurridos quince días, aunque sea conocida de antemano).
·        Dificultad para encontrar coordinadores de funciones necesarias, como Nuevas Tecnologías o Actividades Extraescolares, por la escasa reducción horaria para desempeñar tal función.
·        Reducción, asimismo, de las horas establecidas para la función tutorial y para la Jefatura de Departamento.
·        Recorte del sueldo en dos ocasiones desde 2008 (la primera por parte del gobierno socialista de Zapatero), sueldo congelado desde entonces, pagas extra (que no lo son, realmente son las pagas 7 y 14 del total de nuestro salario anual) sin pagar, reducción de ayudas, descenso de médicos especialistas para nuestra atención en MUFACE.
·        Eliminación de parte o de la totalidad del sueldo en bajas, a partir de cierta duración, impidiendo incluso la conciliación familiar en cuestiones tan llamativas como la asistencia al pediatra o la visita al tutor de los hijos (ambos casos suponen la pérdida de la retribución diaria).
·        Imposibilidad de cerrar cupos y de organizar el inicio de curso de manera coherente.
                
              Hoy, once años después de que dos se sentaran a degustar el mejor cocido madrileño y pudieran dejar sitio a un tercero, resulta que las apreturas nos muestran la insostenible situación de que 2+1 es igual a 14, mientras desde las altas esferas siguen intentando convencernos de que son 3 y, al tiempo, intentan hacer ver a la sociedad de que un cocido para dos ya era mucho para lo que hacíamos.  El problema es que tensar la cuerda es romperla por sus zonas más débiles.  Hoy sigue habiendo profesores empeñados en servir el mejor cocido pero todos sabemos que la paciencia se acaba y que, hasta para los mejores paladares del gourmet de la tiza,  se acabará imponiendo la comida rápida.